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Dejavu Transpersonal

La desidia herrumbra el archivo. Cada cosa que pudo postearse y fue olvidada o quedó en borrador, va corroyendo las venas del blog, gangrenando la fría sangre de sus pequeños bites.
A manera de tributo, y dejando de lado los motivos superficiales, aténgase a la manera correcta de cerrar un blog.

Empiece considerando que para cerrar un blog usted primero debió haberse abierto uno. Muy fácil sería abrir un blog y cerrarlo inmediatamente, pero ese sería un blog ordinario, de esos que no trascienden, que podrían considerarse virtualmente inexistentes. Tampoco caiga en el error de anunciar el cierre definitivo de su blog, volviendo al poco o largo rato con la cabeza baja o en alto, dando explicaciones o asumiendo que nada ha sucedido.

Manténgalo abierto por un período más o menos largo de tiempo, dos años es suficiente. Escriba con regularidad, gánese asiduos y detractores, cree controversia y despierte curiosidad.

Un buen día, abandone su blog y déjelo como a aquellos perritos que vagabundean por las calles, sin un amo que los cuide, alimentándose de la basura que les dejan otros.

Finalmente, salga de su desidia, y empiece a escribir el final del blog. Sería muy fácil hacer un breve resumen de su paso, y oficializar lo evidente; más fácil aún sería dejar que el dominio expire, y que quede sin nombre junto a otros blogs perdidos sobre conflictos, elefantes y mujeres con vestidos de seda. No se dé por vencido y continúe hurgando hasta encontrar el botón que, con un simple click, sentenciará al complejo universo de su blog a una muerte definitiva. Sólo entonces entenderá que dejó de valer la pena y tomará valor para convertirse en verdugo de su propio alter-ego.

Un día, el blogger colado entró al blog y descubrió que estaba sólo